Proyecto Cabezas del Villar © Gustavo Bravo

“Da igual los ‘likes’ que tengas hoy si mañana no tienes nada consistente con lo que continuar” GUSTAVO BRAVO

Entrevista a Gustavo Bravo organizador de FotoKalea, primer Simposio Nacional de Fotografía Urbana

Entrevista en QuitarFotos a Gustavo Bravo por Leire Etxazarra.

 

Gustavo Bravo (Madrid, 1984), es periodista, fotógrafo y profesor de fotografía. Máximo responsable de la escuela Fotogasteiz, lleva meses embarcado en una “pequeña-gran locura”: la celebración de Fotokalea 2018, el primer Simposio Nacional de Fotografía Urbana que tendrá lugar en Vitoria los días 2 y 3 de junio y que nace con la vocación de convertirse en una cita anual ineludible para todos los amantes de la fotografía.

Serán dos jornadas intensas dedicadas a la fotografía de calle en las que fotógrafos de renombre, llegados de diferentes puntos de España, compartirán sus conocimientos, su pasión y su saber hacer con todos los asistentes. Con Gustavo hemos charlado sobre Fotokalea y sobre fotografía en general.

 

¿Cómo surge la idea de poner en marcha Fotokalea 2018?

Nos dimos cuenta de que hay muchas ganas de ir a cursos y de escuchar a gente, por eso decidimos que había que hacer algo. Y además, queríamos hacer algo diferente e independiente, por esa razón Fotokalea es un encuentro sin patrocinadores, ni públicos ni privados, para que nada ni nadie nos condicione, y hemos conseguido hacerlo a un precio más que asequible: la entrada más cara, con acceso a todo durante el fin de semana completo, cuesta 146 euros. Lo único que está detrás de Fotokalea es la escuela Fotogasteiz, que es la que ha diseñado en exclusiva el programa del mismo.

 

¿Fotokalea está centrado en la fotografía urbana?

Sí, esa fue la idea desde el principio porque creemos que es el tipo de fotografía del que más y mejor se puede aprender escuchando a la gente.  La idea surgió así, nos pareció buena y, oye, ¡igual no estamos tan locos!

 

 

Proyecto Cabezas del Villar © Gustavo Bravo
Proyecto Cabezas del Villar © Gustavo Bravo

 

¿Qué vamos a encontrarnos en Fotokalea?

Hemos buscado a gente que interese tanto a principiantes en esto de la fotografía como a veteranos. También hemos cuidado mucho el programa y la selección de ponentes para que se traten aspectos muy diferentes de la fotografía de calle: los entresijos de lo que es la propia práctica fotográfica callejera;  todo lo ligado a la legalidad, que es importante y a veces se nos olvida; los aspectos psicológicos de la fotografía, que los tiene; hablaremos de la edición, de cómo publicar un libro sin intermediarios… Vamos a dar un repaso a todo lo que implica la foto de calle y no nos vamos a dejar nada en el tintero.

 

¿Los ponentes son muy conocidos en el mundo de la fotografía urbana?

Sí, Fotokalea comienza con una charla de Jota Barros, que es uno de los mejores profesores que hay para iniciarse en la fotografía de calle. También están Marcelo Caballero, Alberte Pereira, Jordi Oliver… gente que tiene muchas horas de calle, que llevan años haciendo cosas muy buenas, y que pueden abrir los ojos a aspectos de la fotografía de calle que ni nos imaginamos que existen. También están María Moldes, Alfredo Oliva, Alberto Verdú, el fotógrafo madrileño Jeosm, Jesús León

 

¿Cuáles son los objetivos con los que nace Fotokalea?

Queremos consolidarlo a largo plazo, que sea una cita anual que dé respuesta a una inquietud generalizada, y que sirva de caldo de cultivo donde crear propuestas y compartir proyectos. Que la gente que entiende la fotografía como algo que se hace y vive en soledad vea que no es así, que hay más gente que hace fotografía de calle.

 

“Queremos que Fotokalea sea una cita anual que dé respuesta a una inquietud generalizada, y que sirva de caldo de cultivo donde crear propuestas y compartir proyectos”

En los últimos años, la fotografía de calle está viviendo una especie de  ‘boom’, ¿se está convirtiendo en una moda?

Mucha gente pensaba que la fotografía era paisaje, retrato y fotoperiodismo, y nadie hablaba de la fotografía de calle. Creo que más que una moda, lo que ha sucedido es que la fotografía  tiene una evolución. Si has probado el retrato y no te convence porque eres una persona tímida o el paisaje no te llena, al final llegarás a la fotografía de calle. Hay gente que comienza interesándose por la fotografía en general y luego descubre la foto de calle, que es menos conocida pero que es algo que está creciendo. Así que más que una moda, yo la veo como una evolución.

 

“En Fotokalea vamos a dar un repaso a todo lo que implica la fotografía de calle, y no nos vamos a dejar nada en el tintero”

En muchos foros se trata la foto de calle como la hermana pequeña de la documental, como un género menor, casi como un hobby…

Hay que crear sensibilidad en la gente para que valore la fotografía de calle. Muchos aprecian un buen paisaje y un buen retrato, pero hay poca gente capaz de valorar una buena fotografía urbana en todos sus aspectos: por lo que representa, por la historia que nos cuenta, por su estética, por su composición…

 

 

 

Proyecto Vitorianos © Gustavo Bravo
Proyecto Vitorianos © FotoGasteiz

 

“La fotografía urbana es la fotografía del día a día”

 

Hay muchas formas de vivir y entender la fotografía urbana, tantas como personas. ¿Cuál es la tuya?

Para mí es una fotografía antropológica.  Fotografías la vida urbana, pero también la condición urbana en general. Al contrario de lo que se puede pensar, no hace falta que aparezcan personas. Las cosas que fabrican las personas o los entornos donde viven también son parte de la calle, son objetos y lugares antropológicos, y yo creo que la clave está un poco ahí. Lo que hace la imagen no es el lugar o la persona que aparece, sino la condición, una forma de vivir la geografía urbana. Y dentro de eso las posibilidades son infinitas.

 

Con plataformas como Instagram y Facebook… ¿exponemos demasiado nuestra fotografía y nos exponemos demasiado a la de los demás?

Lo importante no es la cantidad, sino la calidad de lo que haces, y la calidad viene determinada por nuestra sensibilidad y nuestra capacidad de expresión. Si no te formas, si no investigas, si no experimentas… Serás otro más. Estamos creciendo en cantidad pero no en calidad. Pare ser especial y diferenciarte, tienes que tener algo que contar. En Instagram hay mucho de egocentrismo, pero también permite que la gente que hace cosas interesantes se conozca y que aprendan unos de otros, y yo me quedo con eso.

 

“En Instagram hay mucho de egocentrismo, pero también permite que la gente que hace cosas interesantes se conozca y que aprendan unos de otros, y yo me quedo con eso”

¿Damos demasiada importancia a los ‘likes’?

Es un proceso por el que pasamos todos. Muchas veces, acabamos haciendo fotografías pensando en los ‘likes’, en que a la gente le gusten. Pero luego descubres que esto es una carrera de fondo y que da igual los ‘likes’ que tengas hoy si mañana no tienes nada consistente con lo que continuar. Creo que al final se trata de hacer un trabajo de autodescubrimiento, de ver qué es lo que quieres contar, y después, si tu historia está bien, contarla bien. Esa prisa del principio es una prisa adolescente que en general se pasa; hay gente que se queda en ella y gente que la supera y llega a la madurez fotográfica.

 

En esa carrera por llamar la atención entre tanta imagen, ¿lo documental está perdiendo terreno ante lo espectacular? Es algo de lo que se ha acusado últimamente al premio World Press Photo, por ejemplo.

En el World Press Photo vemos fotografías hechas con gran destreza, que tienen un gran valor informativo pero también un gran valor estético, y por eso marcan la diferencia. No creo que sea una cuestión de espectacularidad, sino de provocar una reacción en la gente. El problema es cuando sólo se busca eso, la reacción.  Las fotos del World Press Photo no tienen mucho sentido si no van acompañadas de un texto, porque se trata de periodismo. Pero vivimos en un época en la que los medios publican cosas sin saber si son ciertas por miedo a publicarlas tarde, vivimos en una espectacularidad y una prisa constantes, y no sólo en fotografía. Yo creo que si una foto gana el World Press es porque es espectacular, pero también porque tiene otras muchas cosas aparte de su propia espectacularidad.

 

“Me gusta la foto de calle para mi día a día y para no volver a casa siempre por el mismo camino, y me gusta el retrato por la conexión que estableces con la gente. Creo que cada género te aporta cosas distintas”

 

Como fotógrafo eres omnívoro, trabajas varios géneros.

Soy demasiado inquieto para hacer un solo tipo de fotografía. Y, además, fotográficamente me considero una persona muy joven.  Me gusta la fotografía de paisajes porque me permite evadirme, meditar y sentir cosas. Me gusta la foto de calle para mi día a día y para no volver a casa siempre por el mismo camino, y me gusta el retrato por la conexión que estableces con la gente. Creo que cada género te aporta cosas distintas.  Si tuviera que elegir uno… te diría que me quedo con la foto urbana de paisajes y retratos (risas).

 

 

Proyecto Cabezas del Villar © Gustavo Bravo
Proyecto Cabezas del Villar © Gustavo Bravo

¿Esa variedad también se da en tus referentes fotográficos?

No es una pregunta fácil… Me gusta mucho Alex Webb, por su capacidad mágica para resolver problemas visuales. Sus fotografías son como puzles visuales, es alucinante. También me gusta William Eggleston. Me fascina la sensibilidad que tiene con la luz y el hecho de que su fotografía no sea fácil de apreciar para muchos. Apreciarla me hace sentir un privilegiado. Y Vivian Maier, su obra y su vida son mágicas. Los tres abarcan bastante bien la idea que yo tengo de la fotografía.

 

“El valor de la fotografía urbana es ese, la fugacidad de las cosas que te encuentras, porque lo que hoy ves puede que no lo veas mañana. El sujeto no tiene que ser pintoresco, ni la foto muy llamativa. Se trata de entender dónde vives”

También eres profesor de fotografía, que es otra forma de vivirla muy de cerca.

Me gusta enseñar fotografía desde cero porque me ayuda a no perder la conexión con la realidad. Formar a gente desde el principio, ver la cara que ponen cuando hacen su primera larga exposición, cuando se dan cuenta de que son capaces de hacer cosas que no creían posibles… Eso es maravilloso y estar ahí para verlo es muy bonito.

 

 ¿Qué consejos sueles darles?

Muchos. Pero sobre todo que cuando vayan a hacer una foto intenten que haya algo irrepetible en ella, que no se limiten a hacer un documento visual de un hecho, sino que intenten hacerla de una manera única y personal. Y con el tiempo, siguiendo ese camino, descubrirán cuál es la forma de hacer las cosas, el estilo, que es lo que tanta gente busca, y que es la piedra filosofal de la fotografía.

 

Fruto de esos consejos y del trabajo y la ilusión de tus alumnos acaba de ver la luz un proyecto precioso: ‘Vitorianos’.

Cuando 28 personas salen a la calle a hacer fotos durante todo un año tienes muchos boletos para que pase algo muy especial, y ‘Vitorianos’ es ese algo especial; un libro que recoge las fotografías de esos alumnos. La idea del libro fue una forma de motivarles para sacar fotos a extraños en la calle, que es algo que siempre cuesta, y de enseñarles que esto es una carrera de fondo, que hay que salir mucho a la calle para hacerse con algunas fotos buenas.

 

 

Proyecto Vitorianos © Gustavo Bravo
Proyecto Vitorianos © FotoGasteiz

 

 

 La fotografía tiene mucho de hábito.

Exacto, la fotografía urbana es la fotografía del día a día, hay que hacer fotos prácticamente todos  los días, disfrutar de las luces, de las gentes de tu ciudad, de cada cosa que ocurre y que te encuentras… El valor de la fotografía urbana es ese, la fugacidad de las cosas que te encuentras, porque lo que hoy ves puede que no lo veas mañana. El sujeto no tiene que ser pintoresco, ni la foto muy llamativa. Se trata de entender dónde vives.

 

 Sea en Nueva York, Vitoria o en un pueblo de 300 habitantes.

¡Claro! Con ‘Vitorianos’ hemos roto esa idea tan extendida, y tan errónea, de que para hacer buena fotografía de calle tienes que ir a grandes ciudades como Madrid, Nueva York o Nueva Delhi. Y eso es absurdo. ‘Vitorianos’ es un libro que cuenta cómo se vivía en Vitoria en 2017, visto por gente que vive en la propia ciudad. Eso es algo para siempre, y es precioso. El resultado ha superado todas las expectativas, mías y de ellos. Se ha financiado a través de micromecenazgo y la acogida ha sido y está siendo espectacular.

 

 ‘Vitorianos’ estará muy presente en Fotokalea porque una de las charlas, la que corre a tu cargo, va precisamente sobre eso, sobre cómo publicar un libro de fotografías sin invertir dinero y sin intermediarios… ¿Cómo animarías a la gente a acercarse a Vitoria ese primer fin de semana de junio?

Si tienes una mínima inquietud fotográfica, eres curioso y te apetece descubrir cosas rodeado de gente que comparte tu misma pasión, yo no lo dudaría. Es una oportunidad de juntarte y hablar con personas que tienen las mismas inquietudes o muy parecidas a las tuyas, de ver fotografía, de escuchar y de compartir espacio e ideas con gente sabe mucho de esto y que encima son grandes comunicadores y muy cercanos. Allí va a haber personas con discursos muy diferentes y tremendamente interesantes, venidos desde diferentes puntos de España, que van a hablar de fotografía y que están deseando compartir su pasión y sus ganas con gente como tú.

 

 


Enlaces

l primer simposio nacional de Fotografía Urbana FotoKalea 2018: http://fotokalea.com


Kodak girl

Lo que una mujer puede hacer con una cámara

Lo que una mujer puede hacer con una cámara

Reflexiones en QuitarFotos por Leire Etxazarra

 

‘Lo que una mujer puede hacer con una cámara’ es el título de un artículo publicado en el Ladies’ Home Journal en el año 1897. A punto de entrar en el siglo XX, el papel de la mujer en las sociedades modernas cambiaría de forma irreversible en las siguientes décadas. Pero la fotografía vaticinaba ya ese cambio de rol desde años antes, aunque fuera de forma tímida.

En 1893, George Eastman, fundador de la Eastman Kodak Company, creó la imagen de la ‘Kodak girl’ para popularizar el uso de las cámaras entre las mujeres. La ‘Kodak girl’ era una mujer joven y bella, pero también independiente y aventurera. Era la semilla de la ‘nueva mujer’ que llegaría con el siglo XX.

 

Kodak girl
Kodak girl

 

El artículo del Ladies’ Home Journal fue escrito por una fotógrafa de 34 años llamada Frances Benjamin Johnston. Considerada la primera fotorreportera de la historia, fue una pionera a la hora de hacerse un hueco en el masculinizado mundo de la fotografía profesional.

En una de sus fotos más famosas, un autorretrato llamado ‘New Woman’, Johnston desafía los roles de género mostrándose a sí misma en una actitud hasta entonces exclusivamente masculina. Era toda una declaración de intenciones.

 

Autorretrato  © Frances Benjamin Johnson `New Woman´
Autorretrato  © Frances Benjamin Johnson `New Woman´

 

Para Johnston la fotografía fue una forma de liberarse y dar rienda suelta a su creatividad. Había estudiado dibujo y pintura, y cuando George Eastman, amigo de sus padres, un matrimonio acomodado y muy bien relacionado, le regaló una cámara, Frances no tuvo dudas: la fotografía iba a ser su vida, su pasión.

 

En una de sus fotos más famosas, un autorretrato llamado ‘New Woman’, Johnston desafía los roles de género mostrándose a sí misma en una actitud hasta entonces exclusivamente masculina. Era toda una declaración de intenciones.

 

Su buena mano con el retrato y la fotografía de interiores la llevaron a ser considerada la fotógrafa oficial de la Casa Blanca, donde llevó a cabo diversos encargos bajo el mandato de diferentes presidentes. En pocos años se hizo con un nombre y un prestigio, y sus fotos llegaron a ser casi una necesidad para la élite política y social norteamericana.

Desde su posición privilegiada, Frances Benjamin Johnston vio las posibilidades que el ejercicio de la fotografía profesional tenía para las mujeres a la hora de tomar las riendas de su existencia y vivir su vida sin tener que someterse a la tutela de un padre o un marido.

‘Lo que una mujer puede hacer con una cámara’ es un artículo en el que Johnston anima a las mujeres a introducirse profesionalmente en el mundo de la fotografía. En él les da una serie de consejos para superar los primeros escollos y moverse con éxito en la profesión.

Leído en pleno siglo XXI, puede resultar algo ingenuo e incluso infantil, pero en 1897 fue el punto de partida para que muchas mujeres encontraran su propia voz y disfrutaran de una independencia económica, artística y vital que hasta entonces les había sido negada.

Esta es la traducción del artículo original, acompañada de las fotografías de Francis Benjamin Johnston:


Lo que una mujer puede hacer con una cámara

por Frances Benjamin Johnston

Para resolver con éxito el problema de hacer que un negocio sea rentable, la mujer que deba o quiera ganarse la vida necesita descubrir un campo de trabajo en el que haya una buena demanda, no mucha competencia y que coincida con sus gustos personales.

Hay muchas mujeres jóvenes que han tenido una exhaustiva formación artística, pero cuyo talento no consigue que su trabajo sea bueno y dé beneficios. También hay mujeres que, como amateurs, han comenzado a dar sus primeros pasos y desean convertir un pasatiempo agradable en una actividad más seria; otras podrían encontrar en la fotografía un trabajo agradable y lucrativo, frente ocupaciones en campos más restringidos como el de mecanógrafa, taquígrafa, oficinista, librera, etc., que les resultarían agotadores e insatisfactorios.

 

© Frances Benjamin Johnson
© Frances Benjamin Johnson

 

Fotografía para mujeres

La fotografía como profesión debería atraer especialmente a mujeres, ya que en ella hay grandes oportunidades para crear un negocio que esté bien pagado, pero solo en condiciones muy bien definidas.

Los principales requisitos –presentes en mi mente de forma resumida fruto de una larga experiencia y reflexión- son los siguientes: la mujer que haga de la fotografía una actividad rentable debe tener, como cualidades personales, buen sentido común, una paciencia ilimitada para superar continuos fracasos, un tacto igual de ilimitado, buen gusto, un ojo rápido, talento para cuidar los detalles y un don para el trabajo duro. Además, necesita formación, experiencia, algo de dinero y un nicho de mercado.

Esta puede parecer, a primera vista, una lista horrible, pero no es exagerada; es más está incompleta.  Para una mujer enérgica y ambiciosa, incluso si sus oportunidades son pequeñas, el éxito siempre es posible, y el trabajo duro, inteligente y concienzudo puede llevarnos a obtener grandes resultados aunque los comienzos sean humildes.

 

El mejor campo para un principiante

La posibilidad ganar dinero con la fotografía es amplia y la mayoría de las veces está al alcance de una mujer brillante e ingeniosa. El retrato profesional es lucrativo si se hace de forma artística y con aire distintivo, pero requiere capacitación, un capital considerable, un establecimiento con varios empleados y una publicidad inteligente.

Bajo estas circunstancias, lo mejor sería iniciarse en el retrato de estudio después de unos años de cuidadoso aprendizaje y experiencia en otros géneros.

 

© Frances Benjamin Johnson
© Frances Benjamin Johnson

 

Como regla general, las oportunidades y las posibilidades de éxito de toda principiante se multiplicarán si ésta es capaz de crear o explotar algún campo de trabajo concreto. Son muchas las oportunidades, como la fotografía arquitectónica y de interiores, la copia de pinturas, retratos a domicilio, fotografías de bebés, niños, perros y caballos al aire libre;  de casas de campo, fotografías para periódicos y revistas, y fotografía comercial.

También han sido rentables para las mujeres de las grandes ciudades el revelado, la impresión de fotografías para aficionados y la realización de ampliaciones, transparencias y diapositivas para las llamadas ‘linternas mágicas’ (una especie de proyector de diapositivas que, con el tiempo, daría lugar al cinematógrafo).

Al igual que sucede con el resto de cosas, el precio de mercado de las fotografías viene determinado por la vieja ley de la oferta y la demanda. Por lo tanto, toda mujer que considere que la fotografía es un negocio debería primero examinar cuidadosamente “su” situación y su entorno para descubrir qué necesidades hay, fotográficamente hablando.

Está bien mostrar a la gente lo bueno que es un determinado tipo de fotografía; pero el mejor camino es aceptar gustosamente cualquier trabajo que se presente, haciendo lo que nos pidan en lugar rechazar esos trabajos y estar esperando que nos encarguen el tipo de fotografía que nos gusta hacer.

Por lo general, una mujer de negocios que muestra buena disposición para hacer lo que se le demande como fotógrafa, estará pronto en condiciones de poder elegir y hacer aquello que más le gusta.

 

© Frances Benjamin Johnson
© Frances Benjamin Johnson

 

Para hacer un buen trabajo es necesario formarse

La formación necesaria para así hacer un buen trabajo es, probablemente, el coste más alto de dedicarse a la fotografía.  Lo cierto es que en las grandes ciudades hay pocas escuelas de fotografía y, además, la mayoría de ellas están diseñadas más para ayudar a los principiantes  a superar dificultades que para proporcionar una formación completa y práctica.

La experiencia, por lo tanto, es la única maestra en la que podemos confiar, y la forma más rápida de obtenerla es trabajar como aprendiz en el estudio de algún fotógrafo profesional que tenga un buen conocimiento de su profesión.

Desafortunadamente, la mayoría de ellos no tienen ni tiempo ni disposición para enseñar los procesos fotográficos. Aún así, muchas veces existe la posibilidad de trabajar en algún estudio fotográfico a cambio de formación. Si una mujer consigue una oportunidad así, es muy importante que aprenda a pensar por sí misma y que desarrolle sus propias ideas y personalidad en su trabajo.

La cruz de cualquier fotógrafo profesional es que su trabajo y creatividad queden estancados en lugares comunes  y que no lleve a ningún sitio. En este sentido, no es erróneo decir que muchos profesionales no logran beneficios porque carecen de originalidad y no mantienen una actitud abierta ante las innovaciones artísticas.  

Los mejores clubes de fotográficos de todo el país han abierto sus puertas a las mujeres, y cuando estas sociedades tienen un carácter progresista, las fotógrafas principiantes pueden obtener muchos consejos útiles e intercambiar experiencia en las reuniones que allí se hagan.

 

Cuando la distinción y la originalidad están dirigidas a…

A aquellas que quieran dedicarse al retrato de estudio y aspiran a ser originales y a que su trabajo tenga un punto de distinción, les diría que primero se formen en arte y después en fotografía. No es que no haga falta dominar la técnica en su integridad, al contrario, una fotógrafa necesita conocer sus herramientas tan a fondo como un pintor sus colores y pinceles.

La excelencia técnica, sin embargo, no debe ser el criterio en el que basar todo efecto pictórico. En realidad, y tal y como yo lo veo, el primer principio de la fotografía artística es:

“Aprende pronto la gran diferencia entre la fotografía que es sólo una foto y la que también es una imagen”.

Cualquier persona con una inteligencia media puede hacer miles de fotografías, pero para dar valor artístico a la imagen fija de la cámara oscura hace falta imaginación, gusto refinado y, en definitiva, todo lo que implica ser capaz de apreciar lo bello. Por esta razón es un error considerar la fotografía como algo puramente mecánico. Es mecánica hasta cierto punto, pero más allá de eso hay un enorme campo para la expresión individual y artística.

En el caso del retrato hay tantas posibilidades de crear efectos –con composiciones complejas, el uso de la luz y la sombra, el estudio de la pose y la disposición de las cortinas- que conviene buscar inspiración en maestros como Rembrandt, Van Dyck, el padre Joshua Reynolds o Romney y Gainsborough, y no limitarse a las fórmulas químicas.

 

© Frances Benjamin Johnson
© Frances Benjamin Johnson

 

En definitiva, aprende en todas partes y de todos, y estudia cuidadosamente el trabajo de otros fotógrafos, ya sean buenos, malos o te resulten indiferentes y asegúrate de analizar siempre tu propio trabajo con ojo crítico, nunca seas excesivamente indulgente. Protégete de eso y, sobre todo, nunca te creas tan superior como para no aprender algo hasta del principiante más humilde.

En un documento tan breve como este es imposible dar consejos detallados sobre cuáles son los mejores métodos de revelado, impresión, etc. La mayoría de los distribuidores de suministros fotográficos ofrecen bonitos libros de instrucciones con las cámaras que venden, mientras que cada caja de placas de cualquier marca normal contiene una hoja con las mejores fórmulas.

En general, se puede aconsejar a las principiantes que sean precisas, extremadamente cuidadosas con los detalles y que sigan las instrucciones de forma inteligente, al pie de la letra. También es bueno, en todos los procesos fotográficos, no tomarse ninguna libertad con los productos químicos y utilizarlos sin atender a las fórmulas.

En cuanto a los frascos, botellas y placas, aprende cuanto antes que “químicamente limpio” significa algo más que simplemente “limpio”. En general, usar mucha agua no es la panacea pero es una forma de impedir los puntos y las manchas en negativos e impresiones que tantos dolores de cabeza causan a las principiantes.

En cuanto a los aparatos, también es imposible ofrecer sugerencias generales, por la sencilla razón de que ninguna lente ni cámara servirá para hacer todos los tipos de fotografía posibles. Cada fotógrafa debe averiguar qué se adapta mejor a su línea de trabajo y guiarse en consecuencia. La única regla universal es comprar el mejor aparato que se pueda, dando prioridad a aquellos que tengan las mejores lentes.

El equipo ideal para todo el trabajo al aire libre y en interiores sería una cámara de 6,5 x 8,5 pulgadas o una de 8 x 10, ligera, compacta y de construcción sencilla. Es decir, una cámara fácil de transportar y fácil de usar, un trípode ligero pero resistente y algunos portaplacas adicionales. Para una placa de 8 x 10, es aconsejable tener dos lentes rápidas y simétricas: una de aproximadamente quince pulgadas de distancia focal, que será ideal para fotografía arquitectónica y de paisajes, así como para retratos, grupos, copias, etc. Y otra de aproximadamente diez pulgadas que será de gran utilidad en espacios pequeños. Ambas lentes deben estar equipadas con tiempo de combinación y obturadores instantáneos.

También es necesaria una lente gran angular de aproximadamente seis pulgadas para interiores. Todo esto, y hablamos de buen material a estrenar, costaría unos trescientos dólares. Pero pueden encontrarse auténticas gangas de segunda mano, especialmente lentes.

Para las principiantes es aconsejable empezar con un material modesto, aún cuando se posea dinero para comprar las cosas más caras. Así, lo prudente es empezar con una cámara barata y una buena lente,  y luego, si el entusiasmo por el trabajo supera todas las dificultades, se podría comprar algo más adecuado.

 

© Frances Benjamin Johnson
© Frances Benjamin Johnson

 

El cuarto oscuro

A la hora de  improvisar un cuarto oscuro “en casa”, normalmente suele hacerse en el baño, con la incomodidad que eso suele ocasionar. Es mejor, si es posible, acondicionar una salida de agua en otra habitación que sea fría y esté bien ventilada porque los problemas de los fotógrafos se multiplican por mil en habitaciones oscuras, pequeñas y cálidas.

Una habitación de buen tamaño con varias ventanas es bastante fácil de aislar y acondicionar, pegando papel amarillo de correos de varios grosores en las ventanas y tapando las grietas con trozos de papel oscuro. También es posible, si es necesario, usar cortinas de tela amarilla. Hay que probar el cuarto oscuro para detectar fugas de luz antes de considerarlo un lugar seguro para manejar las placas.

Si es posible, coloca el recipiente de revelado frente a una ventana en la que una parte haya sido parcialmente oscurecida con papel de correos, y el resto del cristal esté tapado con papel de color rubí y una hoja de vidrio esmerilado. En la parte exterior coloca una lámpara de gas o de aceite, para que la habitación, oscura y fresca, tenga una luz estable y uniforme. Esto es absolutamente esencial.

En cuanto a los accesorios del cuarto oscuro, es mejor tener unas cuantas cosas simples y útiles que gastarse el dinero en cachivaches caros que, por regla general, no son más que un estorbo.  Además del agua corriente y una ventilación adecuada, lo mejor es tener una gran cantidad de bandejas grandes, hondas y de goma dura. Comprarlas de otro tipo es derrochar el dinero. Si es posible, usa bandejas separadas para revelar y ajustar el tono, y nunca uses la misma bandeja para más de un propósito.

 

Organización y gestión de un estudio de retratos

El retrato fotográfico debería ser tan atractivo y agradable artísticamente como una mujer pueda desear. Además, varias mujeres han demostrado ya que es un negocio lucrativo.

Para sacar adelante un estudio de fotografía se necesita capacitación y capital. No es nada que no se necesita en otras profesiones, con la ventaja de que en el caso de la fotografía ésta te reportará algún dinero.

El estudio ideal es aquel que se construido expresamente para satisfacer las necesidades del fotógrafo en cuestión. Pero, en la mayoría de los casos, la mujer que se inicia en la fotografía profesional tendrá que contentarse con encontrar uno que esté ya listo para ser utilizado.                                                         

Mi sala de estudio mide dieciocho por treinta y dos pies, con un solo tragaluz inclinado de vidrio acanalado, en un ángulo de aproximadamente sesenta y cinco grados, y de doce por dieciséis pies de tamaño. El vidrio acanalado proporciona esa la luz suave y difuminada que es ideal para retratos, pero conviene taparlo con cortinas blancas transparentes y, en ocasiones, parches de cortinas semitranslúcidas para controlar las luces demasiado fuertes. Junto con las cortinas blancas hay protectores oscuros en rodillos, que se superponen y sirven para eliminar la luz siempre que sea necesario.

 

© Frances Benjamin Johnson
© Frances Benjamin Johnson

 

He intentado que mi estudio fuera tan artístico, alegre y acogedor como el de un artista. Para la mayoría de las personas, ir a sacarse una foto es una experiencia tan desagradable y dolorosa como ir al dentista, así que tienden a evitar ambas cosas.

No sé si podemos eliminar el terror que causa ir al dentista, pero estoy segura de que los sufrimientos imaginarios de quienes visitan al fotógrafo pueden mitigarse en gran medida o por completo construyendo un estudio fotográfico que resulte atractivo y acogedor. Este es un muy buen modo de hacer que la fotografía de retrato sea un éxito.

 

Entiendo y soy consciente de que cada estudio fotográfico no puede ser metamorfoseado en una especie de refugio del artista. Esto, por supuesto, es imposible, y en muchos casos tampoco resultaría rentable.

Lo digo de nuevo; puede no ser adecuado reformar un local fotográfico, y además puede no ser conveniente. Sin embargo, lo que quiero subrayar es que una mujer que tenga buen gusto podrá ponerlo en práctica para evitar la fealdad desnuda y la vulgaridad dolorosa de una “galería” mediocre, y ocuparse de que su local resulte lo más atractivo posible.

No se me debe malinterpretar, no estoy diciendo que las galerías de todos los artistas fotográficos sean feas y de apariencia vulgar; lo único que quiero decir es que con un poco de esfuerzo, nuestro estudio fotográfico puede hacerse mucho más atractivo y acogedor para el público, y mucho más armónico con el mundo del arte. Creo que lo que he dicho deja en claro que el valor que tiene que el estudio resulte atractivo.

 

El equipo del estudio y su coste

Tirando por lo bajo, equipar un estudio fotográfico puede costar entre mil y dos mil dólares, entre lentes, cámaras, fondos y mobiliario. Incluso puede ser rentable gastarse más de dos mil dólares, pero no es necesario gastar tanto para equipar nuestro estudio. Por supuesto, siempre es posible comenzar de una forma muy modesta, pero, en cualquier caso, se necesita algo de capital hasta que nuestro negocio sea conocido y dé beneficios.

En general, para la instalación de un estudio debería recomendar una cámara de buen tamaño, (digamos, de once por catorce pulgadas) con fuelles de extensión ajustados para soportar placas de diferentes tamaños, y con al menos seis de ocho portaplacas de cada uno de los tamaños más pequeños. También dos o tres fondos lisos, en lugar de decorativos (una franja de fieltro gris de setenta y dos pulgadas, de cinco yardas de longitud, estirada sobre un marco móvil de madera ligera, que es excelente para un uso general); y cinco o seis muebles, como sillas, bancos y taburetes de diseño artístico.

Conviene tener cosas simples y efectivas en lugar de los llamativos accesorios de papel maché y aparatosos muebles de mimbre, que no hacen sino arruinar lo que pude ser un retrato bello e inteligente.

 

Modelos  delante de la cámara

En lo que respecta al trabajo en el estudio, solo se pueden dar algunos consejos generales, ya que aquí cada uno debe “resolver su propia salvación”. No intentes hacer posar a la gente, o colocar a los modelos en una posición incómoda o forzada con el fin para obtener efectos pintorescos. Mírelos y ayúdelos a actuar de forma natural y elegante. Estudia su individualidad y esfuérzate en reflejarla mostrando lo mejor de ellos. Evita resaltar demasiado las peculiaridades de una cara ya sea a través de la iluminación o la pose; busca curvas en lugar de ángulos de líneas rectas, e intenta que el centro de interés esté en tu modelo.

 

© Frances Benjamin Johnson
© Frances Benjamin Johnson

 

La única regla de iluminación es que nunca uses más de una fuente de luz. Muchos retratos, que de otra forma hubieran sido buenos, acaban resultando muy poco artísticos al estar iluminados por varias fuentes de luz apuntando en diferentes direcciones.

Otra consideración de gran importancia es no permitir que los negativos del retrato se retoquen en exceso. No es exagerado decir que este es uno de los peores errores que cometen los profesionales del medio. Su trabajo cae al nivel más bajo cuando consideran que es necesario borrar todo el carácter y la individualidad de las caras de sus modelos.

En lo que respecta al trabajo terminado, recomendaría encarecidamente el uso de los mejores y más permanentes procesos de impresión. Los “montajes” deben ser discretos y efectivos, mientras que el buen gusto, la simplicidad y el sentido de la aptitud deben guiar los encabezados de las cartas, las tarjetas de anuncios y todas las demás formas de publicidad. La importancia de este detalle a menudo descuidado debe ser algo obvio para todos.

 

El lado comercial de la fotografía

El buen trabajo debería tener buenos precios, y la mujer sabia sabrá poner en valor sus mejores esfuerzos. Es una política comercial equivocada intentar crear una marca comercial haciendo algo mucho más barato que el resto.

En cuanto a la actitud personal, sé profesional en todos sus métodos; cultiva el tacto, la  amabilidad y una cortesía a prueba de bombas. No cuesta nada hacerlo, sólo necesitas tener un poco de autocontrol y de determinación para ser paciente y afable en la mayoría de las situaciones. Ser agradable, servicial y profesional será muchas veces el capital más importante de toda mujer inteligente.

 

© Frances Benjamin Johnson
© Frances Benjamin Johnson

 

Mediante el ejercicio inteligente y adecuado del tacto tacto, una mujer puede, sin dificultad (de hecho, puede hacerlo fácilmente), complacer y lidiar con la gran mayoría de sus clientes, incluso los más exigentes. Una puede conseguirlo también sin tener que imponerse demasiado. El tacto, insisto, es un gran factor a tener en cuenta a la hora de dirigir con éxito un estudio fotográfico; es, supongo, una virtud que deben cultivar todos aquellos que trabajen de cara al público y tengan que relacionarse con otras personas en su ámbito laboral.

Pero, sobre todo, ten recursos, hazlo lo mejor que puedas con lo que tengas a tu disposición, hasta que puedas tener el equipo con el que sueñas. La combinación de recursos, sentido común, buen gusto y trabajo duro raramente falla en un país como el nuestro, donde una mujer solo necesita el coraje para dar el primer paso y una profesión adecuada a su talento y a su capacidad de éxito.

 



Fotografía © Minor White

Minor White y la mirada del yo

Minor White y la mirada del yo

Reflexiones en QuitarFotos por Leire Etxazarra

 

Alfred Stieglitz, Edward Weston y Ansel Adams me dieron exactamente lo que yo necesitaba de cada uno: la técnica de Ansel, el amor de Weston a la naturaleza, y de Stieglitz la afirmación de que estaba vivo y de que podía fotografiar. Esas tres cosas fueron muy intensas.

En 1946, a la edad de 38 años, y con casi una década de carrera fotográfica a sus espaldas, un Minor White en crisis visita a Alfred Stieglitz en Nueva York. A él le expresa sus dudas sobre su capacidad para ser un buen fotógrafo. Stieglitz lo mira en silencio y le pregunta: “¿Has estado enamorado alguna vez?”, White asiente y su amigo le responde: “Entonces, puedes ser fotógrafo”. Stieglitz, de 82 años, fallecía poco después.

 

 

Fotografía © George Peet
Fotografía © George Peet

 

“¿Has estado enamorado alguna vez?”, White asiente y su amigo le responde: “Entonces, puedes ser fotógrafo”. Stieglitz, de 82 años, fallecía poco después.

 

La conversación no pasaría de la mera anécdota si no fuera porque define muy bien lo que impulsaba a Minor White. Un hombre con una obsesión, o una necesidad: ver más allá de lo físico y lo evidente para descubrirse a sí mismo a través de la mirada, y poder expresar, y entender, aquello que lleva dentro.

 

 

Fotografía © Minor White
Fotografía © Minor White

 

White encontró en el simbolismo y la metáfora fotográfica su forma de estar en el mundo. “Todas las fotografías son autorretratos”, decía.

Estaba convencido de que la esencia artística de la fotografía residía en su capacidad de crear metáforas visuales: “Uno debe fotografiar las cosas no solo por lo que son, sino por lo que además son”. White fue, ante todo, un poeta visual que llegó a la fotografía tras dedicarse a la botánica e intentarlo con la poesía escrita.

 

 

Fotografía © Minor White
Fotografía © Minor White

 

Sus primeros trabajos son para la ‘Works Progress Administration’ de Oregón, donde se dedica a fotografiar edificios históricos antes de que sean demolidos.

Después, su identificación con las famosas ‘Equivalents’ de Stieglitz (series de fotografías de nubes que exploran el simbolismo y la interpretación metafórica de la imagen) le llevó a fotografiar principalmente paisajes y “objetos encontrados”. Es el momento en el que la fotografía de White trasciende la realidad física de ambos, objetos y paisajes, para convertirse en una proyección de su propia personalidad.

 

 

Fotografía © Minor White
Fotografía © Minor White

 

“La cámara es un medio para el descubrimiento y el crecimiento de uno mismo. El artista tiene una cosa de la que hablar: de sí mismo”.

Dos años después de su conversación con Alfred Stieglitz, Minor White retrata de forma casi obsesiva a Tom Murphy, amigo suyo y alumno de la Escuela de Bellas Artes de San Francisco, centro en el que White ejercía de profesor.

 

 

Fotografía © Minor White
Fotografía © Minor White

 

Al igual que con los objetos encontrados y los paisajes, el fotógrafo muestra una gran destreza y sensibilidad a la hora de trabajar los desnudos. De esas sesiones de dos años con Murphy nace una de sus secuencias más famosas: The Temptation of St. Anthony is Mirrors. Son 32 fotografías que forman una especie de poema visual y de las que solo hizo dos copias, una para sí mismo y otra para Murphy. En las imágenes, White expresa su amor y su deseo sexual hacia los hombres. Minor White ocultó su homosexualidad durante toda su vida por temor a represalias. De hecho, pidió que sus desnudos no se publicaran hasta después de su muerte.

 

Fotografía © Minor White
Fotografía © Minor White
Fotografía © Minor White
Fotografía © Minor White

 

Los desnudos masculinos de White muestran una extraordinaria sensibilidad, huye de la representación del cuerpo masculino como un elemento de fuerza y de poder. Con White, el hombre es un ser sensible, bello y vulnerable.

 

 

Fotografía © Minor White
Fotografía © Minor White

 

En esta secuencia se alternan partes del cuerpo de Murphy, como manos y pies, con desnudos completos, en un viaje que va de lo puramente estético a la alegoría religiosa, Antigua Grecia artística a la representación religiosa del cuerpo inerte de Cristo.

 

 

Fotografía © Minor White
Fotografía © Minor White

 

Es curioso como siempre he querido agrupar cosas; series de sonetos, series de fotografías… cualquier justificación que aparece surge de deseos o necesidades que rara vez pueden ser satisfechos con una sola foto.
A finales de los 1950, Minor White se marcó un reto enorme: utilizar la fotografía para hacer visible un mundo de por sí invisible, el del espíritu. De ahí nació otra de sus series más famosas: ‘Sound of one hand clapping’.

 

 

Fotografía © Minor White
Fotografía © Minor White

 

 

La secuencia se basa en un koan o problema que un maestro plantea a un alumno, típico de la filosofía Zen, de la que White era seguidor: “Dos manos aplauden y producen un sonido, pero ¿cuál es el sonido que produce una sola mano?”. Minor White concluyó: “Tras varios meses trabajando en este problema, más que oír un sonido, lo he visto”.

White busca que el espectador participe activamente y experimente las diferentes sensaciones que surgen al pasar de una fotografía a la siguiente. Aspira a crear estados de calma que nos permitan establecer conexiones y relaciones entre formas, volúmenes y geometrías, proyectando nuestro propio yo en una imagen que no es sino la proyección de otro yo, el del fotógrafo. Esa es la magia de Minor White.

 

Fotografía © Minor White
Fotografía © Minor White

 

 

No fotografío las cosas como son, sino que las fotografío como soy yo.

 

White muere de un ataque al corazón en 1976. Tenía 68 años. Durante sus últimos años había ahondado aún más en la abstracción, con primeros planos en blanco y negro de rocas, madera y agua. Su trabajo era marcadamente espiritual e intenso, fiel reflejo de su sentido de la fotografía.

 

 

Fotografía © Minor White
Fotografía © Minor White

 

Este ideario suyo, tan personal, queda perfectamente reflejado en las siguientes palabras de White, cuando el fotógrafo estadounidense explica, mediante metáforas (no podía ser de otra forma) qué es, para él, la fotografía: “Solo fue un pequeño golpe en la cocina, pero lo suficiente como para romper mi calma y un cuenco. Una mirada despreocupada se fijó en las piezas: porcelana blanca aún temblando en el cuenco de arroz, agradable en su sutil curvatura, de Japón, en delicado equilibrio, nada más. El que lo dejó caer tocó los pedazos. Estaba callado, y supongo que triste. Volví a los pensamientos anteriores. Luego se puso contento. “¡Un fragmento tiene forma!”, exclamó. Y señaló uno que de resultaba verdaderamente evocador al mirarlo.

 

 

Fotografía © Minor White
Fotografía © Minor White

 

La rápida caída al suelo desató fuerzas que estaban deseosas de entrar en juego: la gravedad fue el desencadenante; la arcilla y la forma, el material; la mano amorosa que dio forma al cuenco había guardado inconscientemente en él una forma imprevista. Con el choque, la transmutación funcionó, la metamorfosis tomó una la respiración profunda y un objeto se encontró a sí mismo. La muerte del cuenco fue el nacimiento de un objeto.

“Lo que estoy viendo no es lo que vi” es el contexto de cada fotografía que hago. Esta especie de olvido no es un descuido porque he trabajado para alcanzar la esencia de un lugar a través de la fotografía, y he luchado para atrapar el carácter de las personas en la película fotográfica. Los hechos me obligan a reaccionar así con cada fotografía que hago.

 

La fotografía no es una grieta ni un niño, ni la esencia del árbol ni el carácter de una persona: es solo una fotografía. O para decirlo de otra manera: cuando algo tiene la apariencia de ser muy real, la fotografía, para mí, falla; sólo tiene éxito cuando es una astilla del cuenco roto.

 

 

Fotografía © Minor White
Fotografía © Minor White

 

Recuerdo haber mirado un espacio entre dos edificios, decirme a mí mismo que ahí hay una imagen y luego intentar extraerla. Y en ese proceso de extraer o buscar la foto recuerdo muchos detalles; la textura de un pedazo de madera y el lugar exacto donde una mosca descansa. Por el contrario, he mirado hacia abajo un pequeño barranco que las tormentas habían formado en una playa rocosa y he visto algo en la luz concentrada allí que literalmente me hacía señas para que sacara una foto.

El niño que dice “Sáqueme una foto, señor” no es más insistente que esa luz. Y es aquí donde surge el fallo. La fotografía no es una grieta ni un niño, ni la esencia del árbol ni el carácter de una persona: es solo una fotografía. O para decirlo de otra manera: cuando algo tiene la apariencia de ser muy real, la fotografía, para mí, falla; sólo tiene éxito cuando es una astilla del cuenco roto.